miércoles, 12 de octubre de 2022

Vivencias y emociones en la familia adoptiva

"Tenía sentimientos encontrados. Por una parte tenía unos padres a los que adoraba, una vida bastante buena, pero a la vez siempre el maldito miedo de que aquello se podía acabar. Hubo un día que mi padre acabó de manera definitiva con mi incertidumbre. Hice algo que cabreó mucho a mi padre. Se puso furioso y me gritó. Yo creí que aquello era el final definitivo y se lo puse en bandeja. Le dije: “Si quieres me voy ahora mismo de casa y así se acaban los problemas”. Mi padre se puso aún más furioso y me gritó lo que yo más deseaba escuchar en mi vida: “¿Irte de aquí? ¡Ni lo sueñes! Te vas a quedar con nosotros para siempre, quieras o no quieras, porque tú perteneces a esta familia. Y además ¡vas a pasar por el aro, quieras o no quieras!”. Creo que aquella noche fue la primera que dormí a pierna suelta en mi casa, sin pesadillas y sin miedos. Mi padre me había dado el pasaporte definitivo para considerarme miembro de pleno derecho de aquella familia, de mi familia. Desde aquel día supe que tenía unos padres para siempre y que yo pertenecía a aquella familia como cualquier hijo natural. Descubrí que aunque fuera un “cabrón” mis padres me querían igual y no me iban a abandonar nunca… como de hecho ha sucedido".

Fuente del libro: ADOPCIÓN HOY. 
Nuevos desafíos, nuevas estrategias

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