martes, 6 de octubre de 2015

Trastorno Severo del Apego










Niels Peter Rygaard: 
La voz de un padre dedicado y profesional experto
por Verónica Siredey

Los niños con este trastorno son considerados los más dañados, los casos más graves en cuanto a la posibilidad de construir el vínculo con su familia adoptiva. Por esto, muchas veces su pronóstico es incierto. Cuando Niels Peter Rygaard se refiere al Trastorno Severo de Apego, lo hace no sólo como psicólogo especialista en la materia y creador del programa Fair Start, disponible para todo el mundo y en distintos idiomas, a través de la web. A poco andar, este experto danés entrelaza cifras y evidencia científica con su experiencia personal, como padre adoptivo de dos niños que cuando llegaron a su vida, más parecían un caso perdido. Nos entrega una completa visión de los niños que lo padecen y algunas herramientas para superar las principales dificultades.

La conversación parte con una diferenciación de lo que es este trastorno en relación con aquellos problemas que normalmente pueden tener los niños que son dados en adopción, pero que no califican como casos graves. Rygaard explica que el diagnóstico se sostiene en tres características fundamentales que presentan estos niños, las que, de manera muy general, se evidencian en un comportamiento agresivo; en que se van con todo el mundo, pero sin ser capaces de establecer un vínculo; y en ciertas características del autismo, por la carencia de estimulación durante los dos primeros años de vida. Los especialistas los consideran los casos más graves, por el profundo daño demostrado a tan corta edad.
¿Qué es lo que le puede provocar a un niño tanto daño? Según el especialista y a modo de ejemplo, en Dinamarca un 3% de la población tiene padres disfuncionales. “Demasiada cocaína, alcohol y cosas como esas. El padre es violento, o la figura paterna cambia constantemente, porque la madre no es capaz de establecer una relación estable y de largo plazo. En cuanto a ellas, al menos un 50% sufrió trastorno del apego en su infancia y experimentaron deprivación afectiva (no tuvieron los cuidados mínimos por parte de sus padres que favorecieran una adecuada estimulación y apego), de modo que cuando crecen son muy inmaduras social y emocionalmente”, explica.
Pero la descripción de este perfil parental se complementa con un 40% de madres que padecen alguna enfermedad mental; como esquizofrenia, depresión o un trastorno límite de la personalidad (borderline), lo que implica una incapacidad para cuidar a su guagua de una madera consistente en sus dos primeros años de vida. “Sicológicamente son muy inestables e impredecibles. Entonces, asustan a los niños o simplemente no les dan los cuidados necesarios. ”.
Sin embargo, esto no es lo único, también existe otro tipo de deprivación que se genera en aquellos orfanatos donde los niños son mantenidos en sus cunas, bajo el cuidado de personal de alta rotación y donde el cuidado personalizado no resulta posible.
“En el Trastorno de Apego Severo, el diagnóstico presenta el antecedente de un muy mal cuidado en los dos primeros años de vida. Estos niños, cuando crecen, no son capaces de establecer relaciones personales con otros: son evitantes, están muy enojados o tienen miedo. Cuando tienen tres años, empujan a otros niños por las escaleras o los muerden. Cuando tienen cinco años se convierten en pequeños tiranos. En los casos más severos puedes ver niños que maltratan a sus mascotas o atentan contra sus hermanos,  prenden fuego en sus casas y cosas por el estilo”, sostiene.
- Ud. dice que un diagnóstico adecuado debe realizarse a partir de los cinco y hasta los dieciséis años aproximadamente ¿No es demasiado tarde como para intervenir?
Si quieres hacer un diagnóstico, tienes que establecer primero si el niño hasta antes de los tres años fue abandonado, maltratado o tuvo padres violentos. Luego haces el diagnóstico desde los cinco años en adelante, para estar seguro de que los síntomas son permanentes, aunque eso es muy particular y depende de cada caso. Niños que fueron adoptados antes de los seis meses suelen recuperarse antes de los cuatro años de edad, y aquellos que permanecen en el orfanato, cada año decaen en aproximadamente un diez por ciento. Entonces, cuando tienen cinco a siete años el daño es enorme.
- ¿Qué se puede hacer para ayudarlos?
Hay que hacer una diferenciación. Si observas niños que han sido adoptados tempranamente, a los doce años se encuentran tan bien como cualquier otro niño, porque han tenido un buen cuidado desde pequeños. Si adoptas un niño antes de los dos años y medio, puede llegar a tener algunos síntomas de deprivación, pero los supera, establece vínculos y logra el apego con sus nuevos padres, aunque puede tomar un tiempo lograrlo. En mi caso, mi hija tenía dos años y medio cuando la adoptamos, era hiperactiva y tenía muchas heridas detrás de su cabeza, porque pasaba acostada todo el tiempo. Sin embargo, a los diez u once años ya había superado la hiperactividad, así como problemas de aprendizaje y de audición.
En la adopción podemos observar grandes variaciones, pero aquellos que son adoptados tempranamente tiende a irles bien, no importa de donde vengan, porque han sido queridos y estimulados. Por esto, una de las principales herramientas que los padres deben utilizar para ayudar a los niños es la paciencia, porque toma tiempo superar estos problemas. Comúnmente los padres dicen que se sentirán felices cuando el niño se desarrolle o se desempeñe bien en las distintas áreas, pero realmente no debieran enfocarte en eso, sino en darle tiempo, tiempo y más tiempo y no ser muy ambiciosos.
- ¿Cuáles son las principales dificultades de los padres?
Algunos padres adoptivos son muy inseguros, porque no han sido padres antes y quieren probar que lo pueden hacer bien. Entonces, hacen un montón de cosas, pero realmente debieran calmarse y ser pacientes. Si su hijo ha tenido una experiencia previa muy traumática, se debiera dividir su edad en dos o tres y tratarlo como si fuera menor. Si adoptas un niño de cinco años, debes observar si es realmente como si tuviera dos y cuidarlo como una madre cuidaría a un niño de esa edad y no tener expectativas de que se comporte como si tuviera cinco. Es muy duro, estresante y cansador para los padres, por eso es que se debe mirar a estos niños como si fueran mucho menores. Pueden tener problemas para concentrarse, para controlar sus emociones o su agresividad. Entonces, lo más importante es poder mantener tus propios sentimientos en calma. Si el niño se acelera, no te aceleres; si el niño se pone muy feliz y excitado, no te excites; si el niño se enoja, no te enojes. Tienes que mantener la calma. Muchos padres adoptivos se cuestionan qué están haciendo mal cuando su hijo no responde como cualquier niño lo haría a su edad. Deben tener la claridad que es él quien está teniendo un problema, no ellos. No es que estén fallando, sino que están conociendo a un niño que presenta muchas discapacidades menores.
- ¿Cree que padres con niños de estas características debieran contar con el apoyo de especialistas?
Por supuesto, hay un estudio de Polonia en el que tomaron a un grupo de padres adoptivos y los dividieron en dos; a un grupo les dieron un libro como guía y al otro, la posibilidad de conversar con un profesional una vez al mes por una hora. Después de un año midieron el patrón de apego desarrollado. Los niños del grupo de padres que contaban con un especialista desarrollaron un apego más seguro. Hace una gran diferencia tener alguien con quien hablar y si es alguien que sabe de niños adoptados, será mucho mejor. En Dinamarca, el estado cubre esta necesidad de apoyo postadoptivo por un año.
- ¿Cuáles serían sus sugerencias para aquellos padres que van a recibir un niño con este trastorno?
Deben mantener un ambiente muy tranquilo y estable. Al comienzo estar junto a él por unas dos o tres semanas, porque es importante que el niño se integre a la familia y se acostumbre a estar con sus padres adoptivos para empezar a construir la relación con ellos. Luego puede empezar a ver a otras personas de manera muy gradual.
Hay que estar muy consciente que se presentarán problemas. Yo, por ejemplo, quería que uno de mis hijos estuviera un año más en kínder, porque no estaba listo para el colegio y eso tomó mucho tiempo y complicaciones, porque las autoridades danesas son muy rígidas y estrictas en relación con que los niños deben entrar al colegio cuando tienen cinco años. Creo que la mejor idea es bajar el ritmo y tener presente que tomará más tiempo, tener mucha paciencia y ver qué pasa, porque puedes hacer predicciones científicas por grupos, pero no puedes adivinar lo que va a pasar con un niño en particular.
Entonces, debes mantener tu mentalidad abierta y construir una rutina diaria, como con cualquier otro niño con discapacidad, que incorpore sus dificultades particulares y cuidando de no cansar demasiado a los padres. Por ejemplo, que uno de ellos se quede en la casa con el niño durante el primer año, pero que luego de ese periodo vuelva al trabajo, porque si se queda para siempre en casa con un niño con todos esos problemas, el estrés lo consumirá.
Es fundamental que los padres mantengan sus vidas más allá de la labor parental. He visto quiebres de muchas familias, porque los padres pierden su propia vida y se concentran sólo en el hijo. Creo que la mejor garantía para el niño es que ellos estén felices y vivan una buena vida, sólo de esta manera tendrán la energía para hacerse cargo y sobrevivir a la demanda de la vida diaria. Lo que he visto en aquellos padres que mantienen sus propias vidas y contienen al niño en una suerte de estructura social, es que son capaces de ofrecerle estabilidad, porque no se quiebran.
- ¿Qué pasa con las instituciones, es posible establecer algún tipo de cuidado que pueda ayudar a estos niños?
Creo que algo que no funciona muy bien es la psicoterapia individual, porque son muy inmaduros y requiere lograr un vínculo de apego con su terapeuta, y estos niños no pueden hacerlo. También es necesaria la capacidad de reflexión sobre la propia conducta y es algo que ellos simplemente no pueden alcanzar.
Lo mejor para estos niños es organizar su vida diaria, estar con ellos todo el tiempo y que la gente que los rodee entienda que tienen discapacidades invisibles. En Dinamarca tenemos un gran problema, ya que el Estado no reconoce en términos legales el Trastorno de Apego como una discapacidad. Entonces, cuando los niños entran al colegio en un principio tienden a rendir muy bien, aceptan las normas y hacen lo que se les indica, imitan el comportamiento aunque no lo entiendan, pero sólo son capaces de establecer relaciones personales de corto plazo. Y las personas a cargo de las escuelas, colegios y guarderías, tienden a sobreestimarlos. Cuando comienzan a aparecer las conductas disruptivas, como por ejemplo morder a una compañera de clase, generan mucho enojo y decepción por parte de sus educadores o cuidadores y se inician los problemas. Hay una serie de malos entendidos entre los padres adoptivos y las instituciones, porque no se pueden poner de acuerdo respecto de si es un niño problemático o no, ya que quiere agradar a todo el mundo, sonríe, obedece y encanta, pero muestra a su vez conductas agresivas y violentas hacia los demás.
- ¿Estas estrategias comprenden lo que llama terapia ambiental?
Sí, es una terapia desarrollada no sólo para instituciones, sino también para padres adoptivos y diseñada para un niño menor. Aún si tu hijo tiene más de dos años, debes pensarla como si fuera para un niño de un año y las expectativas deben ser correspondientes a los logros de un niño de esa edad. Cuando mi hijo tenía nueve años la gente que nos veía se molestaba conmigo, porque al cruzar la calle le pedía que tomara mi mano y cuando entrábamos a una tienda, le decía que primero me tenía que hablar o preguntar a mí respecto de lo que quería mirar, luego verlo por un momento y volver donde mí a contarme lo que pasó en ese medio minuto, cuando estaba mirando aquello que quería. Esto es lo que haces con niños muy pequeños. Entonces haces lo que yo llamo “el círculo madre-hijo”: debes estar siempre conmigo, te sientas a mi lado cuando comemos, cuando salimos a caminar lo hacemos de la mano y si quieres algo debes negociarlo conmigo primero. No debes dejar el círculo sin que lo conversemos antes, me tienes que decir qué es lo que quieres y tienes que contarme qué pasó cuando estuviste fuera del círculo, apenas vuelvas y estar fuera del círculo por un corto tiempo.
Otro elemento es establecer una agenda diaria de actividades, dividiendo el día en acciones cortas y descansos breves, porque estos niños tienen problemas con la concentración y atención y se frustran fácilmente. Presentan dificultades para reconocer personas y situaciones, es necesario anticiparles todo el tiempo las actividades que vienen, “ahora nos vamos a vestir y desayunar” y así sucesivamente. Usas la metodología que usarías para un niño de dos años, aunque tu hijo tenga seis.
- ¿Van a lograr estos niños establecer un apego real?
Eso depende. Tuve la oportunidad de conocer casos de dos niños que tuvieron prácticamente el mismo mal comienzo. A uno de ellos le está yendo muy bien y el otro casi no ha experimentado cambios.
- ¿Es un error tener expectativas?
No, lo que debes tener presente es que puede lograrlo, pero demorará cinco veces más. Por ejemplo, mi hijo tenía ocho años cuando se quiso sentar por primera vez en mi falda y ahora, que tiene catorce, le encanta. Es capaz de demostrar un montón de afecto, ya no es hiperactivo y le va bien en el colegio. Y cuando empezamos realmente llegué a creer que era un caso perdido, porque no era capaz de apegarse a nadie. Tomó siete años. Pienso que si no hubiese sabido todo lo que sé, no habría tenido éxito, porque habría sido más impaciente, me estaría culpando todo el tiempo, me habría frustrado mucho. Las personas lo hacen realmente mejor cuando saben lo que es el Trastorno de Apego Severo, porque no se derrumban ni se culpan y, por supuesto, no se dan por vencidas.
- ¿Qué ocurre en  la pubertad o adolescencia con el riesgo que caigan en conductas de abuso de sustancias?
Yo los llamo “bombas de tiempo”. Se convierten en verdaderas granadas.
Cuando tomas pecho, el cerebro secreta dopamina que te hace sentir bien. Te convierte en una persona sociable, calmada, te comportas amablemente. La dopamina también se produce si alguien te toca, si tu madre te hace masajes. Hay dos tipos de contacto que incrementan la secreción de dopamina y la actividad cerebral, uno de ellos es el tacto de la piel, boca y lengua, y el otro es la estimulación a través del balanceo. Durante el primer año la guagua no puede mantener la actividad cerebral por sí misma, por lo que debe recibir estimulación para poder producir actividad cerebral y dopamina. Pero si nadie se preocupa por ella durante el primer año, entonces no le gustará el contacto social, estará un poco deprimida, quizás irritable y enojada, porque esos son los síntomas de bajos niveles de dopamina en la sangre.
Más tarde viene el problema. Al usar cocaína, por ejemplo, el nivel de dopamina aumenta y el individuo se sentirá como se siente un niño normal. Se vuelve positivo, calmado y sociable. Es así como tendrá mayor riesgo de abuso de drogas si no fue estimulado cuando niño o no logró reparar posteriormente, porque con la droga se sentirá como en el cielo. Los niños que tuvieron buenos cuidados, no estarán realmente muy interesados en la droga y no se convertirán en adictos, porque ya tienen suficiente dopamina en su sangre.
Entonces, lo que debes hacer cuando recibes un niño de estas características, es realizar mucha estimulación por la piel. Es probable que al principio no les guste, porque no están acostumbrados. Debes empezar por periodos cortos hasta que se habitúe, a lo largo de todo el día. También con estimulación a través del balanceo, usar columpios y hamacas, la natación hace muy bien.
- ¿Qué pasa con los riesgos de conductas antisociales?
Me ha tocado ver algunos casos muy severos, muchachos de alrededor de los once o doce años que estaban prácticamente bien hasta esa edad, pero existían demasiadas expectativas en torno a ellos. Cuando llegaron a la pubertad se hicieron evidentes las dificultades, con problemas de relación con sus padres adoptivos, huyendo de casa y cosas como esas. Lo que ocurre es que sus primeros traumas volvieron y volcaron toda su furia en su familia adoptiva. Las altas expectativas puestas sobre ellos les hicieron la vida muy difícil. Los padres fueron muy ambiciosos al esperar que sus hijos fueran “normales”, como los hijos de sus amigos. Los adolescentes sintieron el rechazo, de no ser suficientemente buenos, y respondieron con rabia.
- ¿Qué pueden hacer los padres en estos períodos difíciles, de pubertad y adolescencia, cuando reaparecen esos traumas?
Algo que pueden hacer es encontrar un buen profesional cerca. En los casos difíciles sugiero que los padres hagan una combinación, porque el hijo no hará lo que sus padres adoptivos le digan, pero si encuentran un profesional sensato, como un buen profesor, un entrenador de fútbol, una figura por el estilo, estas personas podrán tener la posibilidad de influenciar en el niño de manera razonable. Algo así como un mentor o tutor, que pueda tener la influencia de un padre, pero sin esa presión que implica el ser familia, será mucho más fácil para este joven escucharlo y aceptar su punto de vista.
Sugerencias:
Libro “El niño abandonado” de Niels Peter Rygaard. Editorial Gedisa
Programa Fair Start:  http://www.fairstartglobal.com/
Esta página creada por Rygaard, ofrece material gratuito para quienes trabajan con niños y jóvenes que presentan Trastorno Severo del Apego, siendo también recomendable para que los padres puedan guiarse por objetivos claros en la construcción del vínculo con sus hijos.

Siredey, Verónica (2012). Niels Peter Rygaard. Trastorno severo del apego. La voz de un padre dedicado y profesional experto. Adopción y Familia, 8, 8-13

3 comentarios:

  1. Niels Peters es un conocedor del tema en profundidad, no sólo desde el conocimiento si no desde la experiencia. él analizó el caso de mi hijo y sus recomendaciones eran impracticables en Chile, no hay especialistas, ni pprofesores, ni colegios preparados para este tipo de trastorno. Ellos no son integrables, requieren de un programa especial como el que el vino a mostrar y aquí NADIE SE INTERESÓ!! según sus propias palabras. Una lástima porque son muchos no sólo adoptivos sino que también los Aspérger, Los autistas, los que tienen trastornos siquiátricos que sufren cada día por la discriminación que sufren por parte de la sociedad toda, sin amigos, rechazados muchos se suicidan al llegar a la adolescencia o adultez. Es urgente en Chile tener programas y profesionales capacitados, así como colegios que los acojan en su diferencia y en su capacidades distintas, porque tienen muchas. Yo sigo buscando pero mi hijo lo ha pasado muy mal y nosotros también.

    ResponderEliminar
  2. Me gustaría leer este libro.

    Leer este articulo es como ver nuestra realidad.
    que pena que no existan profesionales que le interese ayudar con este tema.

    ResponderEliminar