lunes, 27 de febrero de 2017

Los hijos no se elijen

Mitos de la adopción

Hoy la adopción en una forma más de formar familia, es una alternativa reconocida por la sociedad y que ya no requiere ser ocultada para proteger a sus protagonistas. Aun así, pesa sobre ella un velo de misterio cargado de mitos que generan dudas y establecen diferencias irreales con este tipo de familias. En cuanto se ha ido abriendo el tema en la sociedad, estos mitos han ido perdiendo fuerza, pero aún persisten en el inconsciente colectivo, determinando una mirada con cierto grado de discriminación hacia quienes forman parte de este modelo familiar.
Entre el abanico de ideas erradas sobre la adopción, se encuentra aquella que postula, casi como una ventaja o beneficio para los involucrados, que los padres elijen a sus hijos. Frases como que ser elegidos por sus padres adoptivos los “enriquece” en su identidad, que los hace sentirse “únicos”, que los quieren “más” porque los eligieron, que eso le da “sentido” a un sentimiento profundo de amor, no hacen más que profundizar la idea de un amor condicionado, todo lo contrario al sentido del amor.
Que los padres tengan la posibilidad de elegir a sus hijos, da la impresión que lo aman tanto porque tuvieron la opción de ser padres de ese niño en particular y no de otro, que tuvieron la alternativa de decidir por cuál niño sentirían más amor, como modo de asegurar así una familia llena de amor entre sus miembros, tanto que las dificultades que puedan enfrentar se minimizarán por la fuerza del cariño. “A ti es a quién más amaremos” parece ser el regalo de los padres a su hijo.
Si pudieron elegir a otro, el adoptado debiera estar agradecido que fuera a él y le dieran la posibilidad de tener una familia. Entonces, puede hacerse la pregunta de por qué lo eligieron a él, qué llevaría a sus padres a decidirse por él por sobre los otros niños disponibles a ser adoptados. Las decisiones se basan en un motivo, quizá consideraron que era el más lindo, el más despierto, el más amoroso o el más tranquilo. Entonces el regalo debe ser correspondido, o más bien asegurado; le dieron esta oportunidad por una razón y debe asegurarse que ésta se mantenga en el tiempo para conservar a sus padres. Si lo eligieron por ser el más lindo, debe conservarse así, ya que es la razón por la que lo quieren; si fue por ser despierto, deberá destacar en el colegio, si se saca malas notas podrían dejar de quererlo; si hace una rabieta, ya no sería tan amoroso y dejar de agradar a sus padres; si hace travesuras, dejaría de ser el niño tranquilo que conquistó a sus padres. Todo esto amenaza el cariño que sienten por él, se transforma en un cariño condicionado por su comportamiento; no lo querrán por lo que es, sino por lo que esperan de él según lo que ellos vieron al decidir adoptarlo a él y no a otro niño.

Pero la realidad no es ésta. Los padres no eligen a sus hijos.
En el actual sistema de adopción los padres no conocen alternativas de hijo, sino que se les presenta a quien será el suyo. No existe la opción de “cambiarlo” por otro que llene mejor sus expectativas. El foco no está puesto en el “regalo” de una familia por parte de los padres al hijo, si no a la inversa, es el niño quien le da la oportunidad al adulto de ser padre o madre, de desarrollar su potencial parental y volcar su amor a un niño, su propio hijo. De este modo no deberá vivir agradeciendo a sus padres por “salvarlo” del desamparo, así como en el modelo tradicional de familia con parentesco biológico, los hijos no lo hacen. Es responsabilidad de los padres cuidar, proteger, formar y querer a sus hijos, sin esperar que se ganen el cuidado y afecto.
Esto es amor incondicional y es lo que define a una familia.
Psicólogo Clínico Infanto-Juvenil
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