viernes, 8 de mayo de 2015

DIA DE LA MADRE

TODAS ESAS "MADRES"

"La sangre que heredamos está hecha de las cosas que comimos de niños, de las palabras que nos cantaron en la cuna, de los brazos que nos cuidaron, la ropa que nos cobijó y las tormentas que otros remontaron para darnos vida, pero, sobre todo, la sangre se nos teje con las historias y los sueños de quien nos crece"
Ángeles Mastretta

Durante la última celebración comercial del Día de la Madre y su nutrida publicidad, hubo un anuncio que llamó mi atención. Era el saludo a todas esas madres de nuestra vida: la mamá, la abuelita, la tía, la madrina, todas esas mujeres que forman parte de lo cotidiano y cumplen un rol especial en nuestro mundo y que merecen ser reconocidas en el Día de la Madre. Pero, ¿qué es eso especial que hace madre a una persona?

Por lo general, entendemos que es ésta la mujer que engendra un niño, lo lleva en su vientre y le brinda cobijo y alimentación hasta el nacimiento; comparte su sangre y su genética. Luego es quien lo recibe, lo cuida y lo protege cuando es un bebé desvalido y completamente dependiente; lo alimenta, lo limpia, lo abriga y lo hace dormir.  Es quien lo acuna, lo acaricia para demostrarle lo valioso y querido que es, lo alivia cuando sufre alguna herida y lo consuela en el llanto. También es quien le estimula a ir ganando de a poco su independencia, lo alienta ante sus logros y lo corrige en sus errores; es quien pone límites y enseña a respetarlos. Quien le inicia en la convivencia con los demás, le enseña a hacer amigos, a elegirlos y a conservarlos. Que inculca modales, hábitos y valores.
Esperamos encontrar todo eso en la misma persona, pero no siempre es así. Comúnmente no lo es, como me hizo tomar conciencia el aviso comercial. Este rol suele ser apoyado o compartido por otras personas que forman parte de la vida cotidiana y afectiva del niño.
Los adoptados, en su mayoría, vivieron carencias profundas en su experiencia familiar temprana, que son las que finalmente determinaron la separación de su familia de origen, incapaces de brindar aquello que es esencial para  garantizar la protección y el sano desarrollo de su hijo. Estas carencias no están necesariamente relacionadas con falta de cariño, con la ausencia de vínculo o con desinterés por el niño. Muchos padres no saben cómo cumplir su rol y brindar todo lo que un hijo necesita para su desarrollo sano y feliz. Muchos desean ser buenos padres, pero no saben cómo hacerlo o no logran adquirir las destrezas y habilidades que les permitan asumir la responsabilidad de la parentalidad. Muchas veces ellos mismos no han experimentado en su vida la nutrición afectiva de los buenos tratos.
Hay niños que tuvieron la experiencia de vivir con unos padres que no fueron capaces de cuidarlos y protegerlos y, en este periodo, pudieron haber experimentado un cariño genuino, pese a las debilidades mostradas en otros aspectos de su cuidado,  como la falta de disponibilidad, el proveer un entorno seguro, la existencia de un trastorno psiquiátrico, problemas con drogas, mendicidad, falta de redes de apoyo o negligencia extrema. Algunos también fueron cuidados por otras personas mientras llegaban a su hogar definitivo, familias de acogida o  cuidadores institucionales que, generosamente, se prestaron a la tarea de prodigar cuidados y afecto, que no sólo permitieron al niño curar heridas, sino también contar y sumar experiencias de amor, recibiendo las bases para relacionarse con los demás, para la formación del vínculo de apego, para su autoimagen y autovaloración.
Todas estas personas forman parte de la historia del niño y han colaborado en quién es hoy. Un inicio difícil, una familia que fracasó en la tarea de ser padres, no los excluye como personas importantes en su vida afectiva. Un hijo adoptivo necesita ser aceptado en su individualidad y singularidad, que sus padres reconozcan, se apropien, aprecien y resguarden su historia preadoptiva, con recuerdos, vínculos y afectos de las personas que antecedieron la adopción. Una historia dinámica, donde los padres adoptivos deben permitir que exista un lugar para todos y relatar la historia sin dejar de lado a padres biológicos, a cuidadores en una familia de acogida o en una institución, así como a aquellas personas que pueblan hoy su mundo afectivo.
Porque todas esas “madres” forman parte de la vida del hijo.
Psicólogo Clínico Infanto-Juvenil
URL Abreviada: http://numrl.com/0515c

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