viernes, 13 de mayo de 2016

Privacidad ¿derecho o deber en la adopción nacional?


Hace tiempo que todos estamos acostumbrados a entrar, ver, leer, publicar y contar nuestra vida en internet. El uso de las redes sociales se ha multiplicado por cien en los últimos años y a nadie le extraña ya ver las fotos de su cumpleaños colgadas en Facebook (por él o por un amigo), a su sobrino recién nacido en Instagram o la fiesta de fin de curso en Twitter. Somos adultos y, por tanto, debemos conocer lo que suponen esas publicaciones. El problema surge cuando lo que queremos colgar son las fotos de niños…

Este fin de semana alucinaba con algunos comentarios de familias que tienen ya con ellas a sus pequeñajos adoptados. Al parecer, es muy frecuente que las familias, amistades, vecinos y "colegas" que desaparecieron de tu vida hace un siglo de repente quieran saberlo todo de ti y, por supuesto, de tu recién llegado retoño. Y con la manía que tenemos de subir todo a Facebook, Pinterest o Flickr los problemas tenían que surgir antes o después.
Una cosa hemos de tener clara: los padres somos los responsables de proteger la privacidad de nuestros hijos, sean adoptados o biológicos. Sólo nosotros podemos decidir si una foto de nuestros hijos se puede colgar en las redes sociales, enviar por e-mail o pasar por whatssap. Es lógico que nuestras familias y los amigos, o los compañeros de trabajo, o aquella vecina que tanto nos quería y a la que hace tiempo no vemos se interesen por nuestros hijos y deseen tener una foto de ellos o ver cómo crecen día a día, o mes a mes. Sí, es lógico. Pero no, no siempre es posible. Y ahí estamos los padres para decidir cuándo es posible y cuándo no, se enfade quien se enfade. Porque, ante todo, nuestro deber es preservar la identidad de nuestros hijos.
Si eso es así en el caso de hijos biológicos, no descubro América al decir que en el caso de adopción, sobre todo nacional, este aspecto adquiere una importancia VITAL. Para quien no sepa muy bien cómo funciona la adopción nacional en España: en nuestro país hay muy pocos niños abandonados, en sentido literal, por sus familias biológicas. La mayor parte de los niños entregados en adopción han sido retirados a sus familias por los Servicios Sociales (casos de abandono, maltrato, etc.) Se trabaja con las familias biológicas para intentar que superen sus problemas y puedan hacerse cargo de nuevo de sus hijos, bien los padres bien un familiar cercano, y sólo cuando los Servicios Sociales comprenden que no hay nada qué hacer y es totalmente imposible que una familia cuide de sus hijos, éstos son dados en adopción. Lo cual quiere decir que en una gran mayoría de casos las familias biológicas no están de acuerdo con la adopción y van a recurrirla.
Este proceso significa, por tanto, que durante unos años la mayoría de las familias adoptantes van a tener en casa a sus hijos en régimen de acogimiento. En su corazón son padres e hijos, pero legalmente no lo son... todavía. Los menores mantienen sus apellidos biológicos y siguen perteneciendo a su familia de origen hasta que un juez diga lo contrario. Entre recursos, apelaciones, etc, pasan varios años hasta que esos niños son legalmente "nuestros hijos" y podemos cambiarles los apellidos.
De todo esto, cabe deducir que es importantísimo para la seguridad del menor y del proceso que el niño JAMÁS salga en una foto en las redes sociales. No hay que dar indicios a la familia biológica de dónde está su hijo o quién lo ha adoptado, para evitar problemas como es de suponer. Por tanto, cualquier adulto con dos dedos de frente debería entender el especial cuidado que hay que llevar con estos niños, ¿no?....
Entonces, ¿por qué hay tantos adultos que insisten en saber dónde han nacido nuestros hijos o cuál es su verdadero nombre? ¿No entienden que cualquier desliz que cometan, ellos o sus padres, aunque no sea con mala intención, puede poner en peligro al niño? Pues no, al parecer sigue habiendo muchos "adultos" a los que puede más el cotilleo y las ganas de saberlo todo del prójimo que la seguridad de un niño o el respeto a las normas de un procedimiento. Pues señores, si de mí dependiera... que les den por saco. La seguridad y privacidad de mis hijos será responsabilidad mía y yo seré quien decida a quién le muestro mis hijos y cómo. Quien no quiera entenderlo.... puerta.
fuente: papasporadopcion.blogspot.com

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