lunes, 28 de diciembre de 2015

La tercera opción

mama.sufijos.prefijos

Yo soy madre porque otra mujer no abortó. Antes de seguir, quiero que sepas que este no es un discurso conservador en contra de las libertades individuales de las mujeres. Creo firmemente que una mujer tiene el derecho a decidir cuántos hijos tener y cuándo tenerlos, porque ser madre no es algo que se pueda hacer si no estás preparada. Estas líneas pretenden presentar una tercera opción, una de la que se habla poco en las discusiones de despenalización del aborto o de planificación familiar, la opción de gestar pero no maternar, la opción de ceder en adopción.
Entonces, retomando, yo soy madre porque otra mujer no abortó. Una chica joven, de escasos recursos, fue violada en uno de los barrios periféricos de cualquier ciudad. Sí, violada. Si los proyectos de ley de despenalización del aborto, que ahora se discuten en varios países de Latinoamérica, estuviesen aprobados, esta mujer “cumpliría con los requisitos” para practicarle un aborto. Seamos sinceras, con un aborto ilegal realizándose cada 5 minutos, también podría haberlo hecho de esa manera. Pero ella no abortó.
En cambio, esta valiente mujer, porque no tengo un mejor calificativo para nombrarla, llevó a término su embarazo. Cuando nació mi hija, tomó el teléfono, llamó a una de las fundaciones que trabajan en el tema y dijo “no puedo hacerme cargo de esta criatura”. Y gracias a ella, yo soy madre ahora.
No la conozco. Sólo puedo imaginar lejanamente su experiencia. Vivir un evento traumático, una transgresión inconmensurable a su cuerpo, a su psique, a su dignidad. Algo que no le deseo ni a mi peor enemiga. Algo que no sé si yo misma habría sobrevivido. Luego, llevar un embarazo durante el que probablemente no tuvo apoyo. Durante el cual seguramente escuchó comentarios de cómo fue ella quien que provocó la situación. Un embarazo que probablemente le recordaba el origen de esa criatura que ahora es mi hija.
Luego, labor de parto, sola, porque en este caso el progenitor del niño es un monstruo y la familia la condena. Sola, porque para eso sí basta con ser mujer. Puedo imaginar a las matronas y enfermeras con miradas torcidas cuando no quiso ver a la bebé. Puedo escuchar el calificativo de “desnaturalizada” cuando no quiso darle de mamar. Puedo escuchar los juicios apresurados que condenan pero no entienden.
Luego, con mucho temple ella también debió sobrellevar la indagación que hacen los trabajadores sociales. Porque no se puede “ceder un hijo”, así, sin más. Porque para eso no basta sólo con ser mujer.
Me pregunto: si el aborto fuera legal, ella habría pasado por todo esto? Quiero pensar que sí. Que ella decidió traer a mi hija al mundo y buscarle un lugar mejor. Que le dio todo el amor del que fue capaz, la cuidó mientras estuvo en su vientre y luego le buscó un futuro posible. Un padre que fuera su compañero de juegos, unos abuelos de quien es favorita. Una madre, yo, que sí pudiera llamarle hija adorada, hija de mi alma, hija deseada.
Mi intención con estos párrafos, insisto, es poner sobre el tapete de la libertad de decisión de las mujeres esta tercera opción: ceder en adopción. Hablando de decisiones y derechos de las mujeres, no sé si yo, a quien la biología se lo negó, tengo derecho de ser madre. Puedo contar de primera mano lo que sufrimos las parejas infértiles, los dilemas éticos que me plantean algunos métodos de fertilidad asistidas u otras prácticas como los vientres de alquiler o la sustitución de parto; lo engorroso de los trámites para adoptar un hijo.
De primera mano, todo lo que deseé tener a mi hija junto a mí. De primera mano, todo lo que estoy dispuesta a hacer por ella. De primera mano, todo lo agradecida que estoy con esta valiente mujer que decidió no abortar.
No se trata de pensar en mujeres con embarazos conflictivos como “incubadoras” para otras mujeres que somos infértiles. No se trata de defender la vida porque la vida puede existir en otro lugar. Se trata de pensar en las posibilidades que tiene una mujer que no puede hacerse cargo de la criatura que lleva en el vientre. Y la adopción es una de ellas.
Estoy segura de que, para ejercer mi maternidad, jamás le pediría a otra mujer que, en contra de su voluntad, lleve a un bebé en su vientre. Pero quiero pensar que una mujer que está en conflicto con su embarazo sí tiene opciones. Y que éstas son tres: abortar; continuar con su embarazo y ser madre; o continuar con su embarazo y permitirle a otra mujer ser madre. Y que, además, puede tomar una decisión acompañada y libre. Yo soy madre porque otra, muy valiente mujer, no abortó.

Hace poco, mi hija descubrió que tiene ombligo. Dentro de poco, me preguntará si ese ombligo estuvo conectado al mío y yo tendré que responderle que no, que ella estuvo en el útero de otra mujer. Y en unos años más, tendré que contarle por qué su madre biológica decidió ceder en adopción. Sólo espero que mis palabras logren honrar esa decisión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario