viernes, 27 de febrero de 2015

FAMILIA Y DIVERSIDAD

La familia se ha erigido como pilar fundamental de la sociedad. Pareciera que la historia de la humanidad se ha construido sobre la base de la unidad familiar, la que da la estructura para un comportamiento social que permita la convivencia y el progreso comunitario. Inculca valores, entrega el modelo de vínculos y relaciones interpersonales, establece normas y reglas, reprime el comportamiento que atenta contra la convivencia, modela la comunicación entre sus miembros, contiene y modula la expresión afectiva y enseña a tolerar las ambivalencias de amor y odio hacia los otros.
Sin duda la familia tiene gran relevancia en nuestra sociedad y es un imperativo protegerla, cuidarla y asegurar su permanencia. Necesitamos saber que siempre contaremos con ella y sentimos temor ante su posible ruptura. Pero parece ser una constante la sensación que ella se encuentra en peligro, que ya no es lo que solía ser y que la solidez de sus valores se debilita progresiva y peligrosamente, amenazando la estabilidad no sólo de sus miembros, sino que la de toda la sociedad.
Los hechos y las estadísticas parecen avalar este temor: se observa un aumento significativo de parejas que conviven sin casarse, de matrimonios disueltos, de nacimientos fuera del matrimonio y madres jefes de hogar. Cada vez menos parejas se casan y tienden a hacerlo a mayor edad. Por su parte, la planificación familiar lleva a postergar la maternidad y paternidad y reduce el número de hijos. Se produce una disminución evidente de la natalidad, lo que asociado al aumento de la expectativa de vida, conlleva un envejecimiento de la población.
Aun así, la familia se muestra (continúa mostrándose) como la instancia social de mayor satisfacción para las personas, constituyéndose en refugio emocional frente a las amenazas y el estrés que se viven en el mundo, representando mayor alivio que otras variables que brindan estabilidad como el dinero, el trabajo, la educación o la amistad, y siendo reconocido como el factor por lejos de mayor relevancia para alcanzar la felicidad.
Las personas cambian, lo hacen las familias y también las sociedades. El cambio es la constante de nuestro universo y en la vida lo que no cambia y no logra adaptarse a su entorno en transformación, está destinado a perecer. Han desaparecido muchas especies, como también  pueblos y culturas.
La familia no se ha marginado de este cambio. Por ello se hace necesario modificar los parámetros con que la observábamos, medíamos, evaluábamos y clasificábamos. La familia tradicional que nos sirviera de punto de referencia, aquella compuesta por el padre, la madre y los hijos engendrados por ambos ha dejado de ser un exponente válido y representativo. Esto no significa que anteriormente todas las familias cumplieran con este canon, sino más bien éste era un modelo que reflejaba las características de la sociedad de entonces, con sus valores e ideales.
Hoy las cosas cambiaron (continúan cambiando). La diversidad se ha instalado como una cualidad altamente valorada, a través de la cual nos reconocemos como individuos. El respeto a las diferencias va reemplazando a la tolerancia hacia quien es distinto, y cuando hablamos de familia, no pensamos en el modelo tradicional y su contraparte, aquellos que no encajan. Hoy hablamos de toda aquella rica gama de alternativas que conforman familia. De las reconstituidas con hijos de cada uno y de ambos; de madres (e incluso padres) solteras y separadas que crían solas; de abuelos, tíos o padrinos a cargo de un niño; de varias generaciones que comparten el mismo techo; de paternidades carentes de vínculo sanguíneo fundadas en el afecto.
Esta diversidad enriquece a nuestra sociedad, pero conlleva responsabilidades respecto de las necesidades que observamos. Impone la exigencia de explorar nuevas formas de entender la familia, para conocer la complejidad de sus características particulares y crear nuevas formas de intervenir, adecuadas a sus necesidades específicas. Requiere que nos hagamos responsables como sociedad por aquellas familias que han surgido en la diversidad y de la adecuada satisfacción de sus requerimientos, de modo de proteger (continuar protegiendo) a la familia y velar porque siga constituyendo un pilar fundamental de la sociedad.

Psicólogo Clínico Infanto-Juvenil

URL Abreviada: https://goo.gl/NHnMiV

No hay comentarios:

Publicar un comentario